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1º) SONETO SOBRE EL LEMA:

En todo yo te vi

El mismo que produjo tu alegría,
que en tu vida fue Espíritu y aliento,
te empujó de principio hasta el momento
que contigo acababa en tu agonía.

Fue, por tanto, tan fiel su compañía
en momentos de gozo y sufrimiento
que es contigo la base y fundamento
de Vida que a la muerte desafía.

Por eso desde ti ya todo es Vida
y vivir en el “todo”, enorme suerte,

pues vida que parece estar dormida
también puede, sin ver, gozando, verte.

Quien te da en su vida a ti cabida
igual te ve en la vida que en la muerte.


2º) SONETO 1ª parte

En todo

¿Salió, quizás, el todo de la nada?
¿O la nada nació para ser todo?
La nada sólo es nada, no es apodo,
y el “todo, no es un algo que se añada.

Pasar de nada al “todo” es una entrada
que no se puede hacer, no hay otro modo,
que buscar siendo “uno” tu acomodo
y otro uno al “todo” se le añada.

Ser “uno” como el “todo”, es Providencia,
y saber que, no ver, también lo es

y en el “todo” no existe diferencia
pues el “todo” es derecho y es revés,

sólo hay que encontrar y ser esencia,
y ser sólo ser “todo” tu interés.


3º) SONETO 2ª parte

Yo te vi

En todo yo te vi, veré y veo,
pues todo de ti mana, de tu fuente,
sólo lo que es esencia, no accidente
(que es vaivén de la vida y su ajetreo).

Entre el cuerpo y el alma hay un careo
sobre si es contenido y continente,
pero es claro que es uno y coexistente,
en esencia y en un mismo deseo.

El deseo es a ti en todo verte,
aunque eso es fácil verlo, y con razón,

no consiste en jugar y tener suerte,
sino hacerte muy dentro de anfitrión,

con vida que al Mensaje se convierte
y deja limpio, limpio el corazón.


4º) SONETO 3ª parte

Gracias, Señor

Darte gracias, Señor, es sin sentido,
pues es tanta y tan grande la distancia
que ni en el ser, esencia o circunstancia
tan pequeño, ni puedo ni coincido.

De ti tenemos todo concedido,
y todo es bueno y bello, es elegancia,
mas las “gracias” añaden la fragancia
de un amor gratuito y con sentido.

Pero existe un algo inconcebible
que convierte finito en infinito,

porque te hace a nosotros tan sensible
y “uno”, en la realidad, que no en un mito;

por eso dar gracias sí es posible
dentro y fuera de mí, mi Dios bendito.

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